Escándalo en Orzán.
Abril 25th, 2007
No hace muchos años, un servidor de Vds. y el Brother-Analista-Marxista se metieron entre pecho y espalda, en el espacio de diez escasos minutos, una botella de Cocacola. Pensarán en lo ridículo de lo escrito, si no añado que lo hicieron a las dos de la mañana y con el único propósito de encontrar una utilidad lógica a un aparato recién adquirido en un stand de la Feria de Muestras de Valladolid (a.k.a. Pucela).
El artilugio en cuestión era una especie de sifón, a la antigua usanza, que, con pase de rosca idéntico al que usan las botellas de refrescos de dos litros, se adaptaba a las botellas de tal forma que al accionar el mecanismo, y empujado por su gas, uno podía servirse un desagradable chorro de refresco de cola sin gas. Beber por beber. Sin más.
Les cuento todo esto porque el pasado jueves, éste servidor de Vds., acompañado esta vez por el Gran-Lemur-Belson, reincidió en el asunto. La idea, la misma: un aparato con grupo de presión incluído, del que mana una cerveza de dudoso paladar (el Gran Lemur y Tremendo coinciden en ésto último), pero que incita al débil post-adolescente a consumir por consumir.
La cosa no hubiera ido a más si no hubieran entrado en escena unos micrófonos y un juego de consola en el que dos imbéciles (o dos enajenados) pueden medirse intentando entonar una conocida canción, con criterio de evaluación impuesto por la susodicha consola.
El periplo pasó de preocupante a tremendo en un breve lapso de tiempo. Orzán tembló por un momento y Hércules se removió incómodo en su faro.
Mi aventura de niñez me provocó gases e insomnio. La del jueves pasado, resaca y vergüenza ajena…
