El Fin del Mundo.
Marzo 19th, 2007
Hace cientos de años llegar allí implicaba andar y esperar, para quemar los zapatos y poder mirar aquel punto en el horizonte a partir del cual empezaba la nada. El vacío. La inexorable caída definitiva.
Llegar hoy en día es más sencillo. Basta con un coche y saber por dónde se va. Las coordenadas, si quieren, se las digo yo. Apunten: 42º55´28″N y 9º17´29″O.
Las vistas impresionan, pero lo que asusta de verdad es ver a decenas de personas allí, sentadas, mirando al lugar donde las aguas caen al vacío. Mirando al lugar habitado por horribles monstruos que descuartizan a los arrogantes marineros que se separan de la costa sin juicio alguno.
Porque la gente llega a Fisterra y se sienta, silenciosa, sin decir nada. Y mira, callada. Nadie grita. Todos se sientan y miran a lo lejos. Con un extraño respeto ancestral.
La explicación es bien sencilla. Hay que llegar al Fin del Mundo para darse cuenta de lo insignificante de nuestra existencia. Allí vemos lo que somos. Allí, seguimos recibiendo una lección de humildad que no ha cambiado en los últimos milenios.
Yo ya he estado dos veces en el Fin del Mundo. ¿Y ustedes?

Marzo 19th, 2007 at 21:45
Yo he estado una vez allí y lo mejor de todo sin duda alguna… es el pulpo
Marzo 20th, 2007 at 14:15
si es que no somos nadie
Marzo 20th, 2007 at 23:26
Pues no… El fin del mundo está en el centro del gigantesco tsunami que estamos colaborando, entre todos, a que se forme de aquí a 10 años. O esa gigantesca seta carmesí nuclear propulsada desde el cercano o lejano Oriente. O simplemente, en esa cantimplora que derrama su última gota sobre nuestra lengua agrietada mientras suplicamos un último trasvase Rhin-Ebro…
Esto es la decadencia
Marzo 21st, 2007 at 1:46
Efectivamente. No somos nadie y la decadencia ya vive instaurada entre nosotros.
Démonos, pues, a los chipirones a la plancha que tan bien sirven en los garitos mariñeiros da Costa da Morte…
Marzo 21st, 2007 at 15:58
Yo me voy a vivir al monte… y engordo fijo